Ciudad de México, 19 de noviembre del 2020.- La necesidad por expresar puntos de vista, críticas, propuestas o buscar la organización social para enfrentar y resolver problemáticas, fue el vehículo que dio a la prensa en el exilio un poder de penetración e influencia entre la población de Texas y Chihuahua, a inicios del siglo XX.

Ciudad de México, 19 de noviembre del 2020.- La necesidad por expresar puntos de vista, críticas, propuestas o buscar la organización social para enfrentar y resolver problemáticas, fue el vehículo que dio a la prensa en el exilio un poder de penetración e influencia entre la población de Texas y Chihuahua, a inicios del siglo XX.

Con tal esbozo inició la segunda jornada cultural sobre el papel del periodismo durante la época revolucionaria, organizada por el Museo de la Revolución en la Frontera (Muref), en Chihuahua, la cual estuvo a cargo de los historiadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), Jacinto Barrera Bassols y Jorge Arturo Machado Márquez, respectivamente, en cuyas ponencias compararon el papel del periodismo en ambos lados de la frontera.

Barrera Bassols se centró en la red de publicaciones liberales en el estado de Texas entre 1900 y 1915, y Machado Márquez en la prensa católica chihuahuense en los años previos a la Revolución Mexicana.

La prensa católica, indicó el investigador de la UACJ, dio un giro a la organización del catolicismo meramente conservador y, poco a poco, se fue dando paso el llamado catolicismo social, el cual estaba más interesado en la participación del pueblo para enfrentar diversas situaciones sociales.

“Mucho de ese cambio se dio a partir de la difusión de la encíclica Rerum novarum, del papa León XIII, documento que, entre otros temas sociales, abordaba la situación de los trabajadores u obreros como parte integral del desarrollo de una nación”.

La difusión de las ideas que planteaba este documento, puntualizó, motivó que grandes grupos se organizaran a través de colectivos como el llamado Obreros Guadalupanos o La Unión Católica; se trataba de jóvenes chihuahuenses que cuestionaban al régimen porfirista y buscaban un cambio.

Quizás, añadió Machado Márquez, el personaje más importante durante este movimiento fue Silvestre Terrazas, quien a través de su periódico El Correo, tuvo un papel vital en la propagación de la carta de León XIII. No obstante, los diarios La Voz y El País fueron los primeros en publicar y dar a conocer la encíclica entre 1901 y 1903.

“Cabe señalar que este movimiento dio a los jóvenes la posibilidad de participar activamente en vida política del país, al tener un medio para emitir sus puntos de vista sobre la compleja situación del momento”.

Otra de las publicaciones destacadas de ese momento fue la Voz de la Mujer, editada por León Cárdenas Martínez, la cual servía como difusora del pensar del sector femenino.

Sobre Silvestre Terrazas, el historiador de la UACJ destacó que es interesante la transformación que tuvo su medio, al pasar del catolicismo social hasta convertirse en prensa política, sumamente crítica. “Asimismo, cabe mencionar su apoyo inicial hacia Francisco I. Madero y su posterior rompimiento con este, pues como es sabido, a Madero le gustaba influir en el manejo de la información en los periódicos de la época, situación que Terrazas nunca estuvo dispuesto a tolerar”.

Otro de los medios relevantes en esa etapa fue la Revista Católica, la cual tenía gran aceptación y llegaba a mucha gente, gracias a las facilidades que le daba el gobierno de Chihuahua.

Machado Márquez también se refirió sobre el papel que tuvieron los medios impresos en la frontera norte que, al estar junto al estado de Texas, fueron fundamentales para generar opinión entre población mexicana flotante.

Al respecto, Jacinto Barrera Bassols indicó que la prensa escrita ya existía en Texas desde finales del siglo XIX, y aunque se trataba de un medio meramente comercial, se fue transformando hasta tener un carácter político.

Asimismo, destacó el valor de la prensa hecha desde el exilio para cuestionar, criticar y atacar al poder en México, la cual comenzó, en muchas ocasiones, con meras hojas impresas casi de manera artesanal, “un fabuloso mecanismo para promover ideas y la organización” que, a la postre, se convirtió rápidamente en una seria oposición al régimen porfirista.

La prensa en el exilio, anotó el investigador del INAH, encontró en esos espacios “una relativa libertad y/o cerrazón, y eso sucedía en ambas partes de la frontera. No obstante, a diferencia de lo que sucedía del lado mexicano, en Texas la conectividad era enorme y eficiente gracias al ferrocarril, el cual facilitaba la transmisión de la información. En el estado de Texas existían 90 periódicos, aunque claro, no debemos pasar por alto que cada uno tenía una circulación regional muy circunscrita a sus zonas; no obstante, los allegados a la frontera lo aprovechaban.

“Era un intercambio muy fructífero de ideas y opiniones. Podemos decir que fue en 1910 cuando realmente nace una prensa en el exilio, decidida a presentar todo tipo de propuestas políticas”.

Sobre la represión que se ejercía sobre los medios, dijo, mientras en México se cerraba el lugar y se encarcelaba a los responsables, en Estados Unidos solo se retiraba la licencia de impresión, mediante mañosos mecanismos para aplicar la medida.

La prensa en el exilio tuvo un crecimiento y poder importante, la cual mediante palabras logró su cometido: crear conciencia y sembrar la semilla de la crítica en el periodismo nacional, finalizó el historiador.