Naj Tunich, vestigios de una civilización en La Tallera

CDMX a 4 de Agosto de 2018.- Pinturas rupestres que surgen del piso y se extienden por las paredes, alcantarillas que simulan cenotes, un tapete con figuras masónicas hecho con polvo de mármol y un video que nos introduce a una cueva impregnada con expresiones de la cultura maya.

Esos son algunos elementos que se podrán ver en la exposición Naj Tunich de Pablo Vargas Lugo, inspirada en una expedición que el artista realizó en 2017 a una cueva ubicada en Guatemala. Se inaugurará el sábado 4 de agosto en La Tallera, en Cuernavaca, Morelos.

Las pinturas que se encuentran en la cueva son las que se reproducen en el piso y las paredes de La Tallera, haciendo un paralelismo entre esas primeras expresiones y el muralismo, además de transportar Naj Tunich a México y ponerla al alcance del público con ayuda de todos los objetos que forman parte de la exposición.

Taiyana Pimentel, directora del recinto que presenta la muestra, comentó que este es un proyecto de investigación y colaboración artística que transformó a La Tallera en un espacio sorprendente.

“Naj Tunich es una cueva, situada en Guatemala, que posee una gran cantidad de pinturas rupestres del periodo clásico maya, lo que nos transporta a vivencias primarias y fundacionales que nos conmueven y nos desplazan hacia espacios originarios e ideas conectadas con la existencia misma”, mencionó.

Por su parte, el artista Pablo Vargas Lugo relató que desde hace 10 años se interesó por el lugar, y fue en mayo de 2017 cuando tuvo la oportunidad de ingresar con un grupo de especialistas a explorar la zona. Los rasgos de ocupación la sitúan entre los años 200 y 900.

Los jeroglíficos muestran evidencia de la visita de personajes de élite pertenecientes a Calakmul y Caracol, entre otras metrópolis de la época, que llegaban a la cueva con la intención de realizar rituales en su interior.

El descubrimiento de la cueva de Naj Tunich ocurrió en 1979, y diez años después fue cerrada tras un ataque vandálico. En el video que presenta Vargas Lugo se puede ver como algunas figuras fueron talladas con algún objeto punzocortante hasta desaparecerlas.

Las expresiones gráficas que aún se conservan presentan claros rasgos mayas, sin embargo, aunque muchas de ellas se salvaron de ser vandalizadas, el cambio de condiciones climáticas al interior de la cueva, así como el haber estado expuestas al público y ser visitadas por innumerables personas ocasionó que muchas se estén borrando, ya que están pintadas con carbón.

Los jeroglíficos, además de nombrar a los personajes, incluso mencionan los nombres de los dibujantes, quienes también pertenecían a la élite y eran testigos de las visitas. Las pinturas son una especie de retratos de quienes acudían allí a hacer sus rituales.

También comentó que las alcantarillas llenas de agua que se encuentran en la sala de exhibición aluden a los cenotes que puntean toda la zona maya y al mundo subterráneo que rodeaba a quienes vivían en las ciudades.

La secrecía que envuelve a la cueva, donde solo ingresaban selectos personajes, Vargas Lugo la equipara a los rituales masónicos, de allí el tapete con cuadros y triángulos, elaborado directamente sobre el piso con polvo de mármol blanco y negro; también se reproducen otras figuras masónicas en las tapas de las alcantarillas, como el ojo, lágrimas y rombos.

“El lugar de la cueva era un sitio de transformación y ritualidad que tenían los mayas, mientras que los masones tienen una sociedad secreta que guarda sus códigos e interpretaciones para mostrarlos, por ejemplo, en la arquitectura o trazado de ciudades”, explicó el artista.

La cueva de Naj Tunich es un sitio muy frágil, cuyo contenido se encuentra en proceso de desaparición. Desafortunadamente, dijo Pablo Vargas Lugo, el gobierno de Guatemala carece de los recursos para protegerla.

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