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La movilidad social que es panacea para el hombre, se le ha negado históricamente a la mujer: Alejandro García

CDMX a 7 de Febrero de 2018.- A las prostitutas se les ha designado de distintas formas: ahuianime (alegradoras) en la época prehispánica, cortesana durante la Nueva España, china, meretriz, popochas, rameras y, en el siglo XX, aventurera, huila, malagueña, pecadora, piruja y zorra, todas ellas palabras que las signaron con un adjetivo condenatorio y estigmatizador. El ensayo De las no vírgenes y sus andanzas mundanas: la prostitución en la narrativa mexicana, de Alejandro García, pretende aportar una visión novedosa con muchas interrogantes en cuanto a la presencia de las prostitutas en la narrativa mexicana.

Este volumen, que obtuvo mención honorífica en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2016, será presentado por Felipe Garrido, Arcelia Lara Covarrubias, Edgar Mena, Keshava Quintanar Cano y el autor, el próximo miércoles 7 de febrero a las 19:00 en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia. Entrada libre.

“El libro pretende abrir camino en otras direcciones; aportar argumentos y discusiones, acudir a diferentes fuentes que permitan una lectura novedosa con diversas interrogantes en cuanto a la presencia de las prostitutas en la narrativa mexicana: ¿quiénes son o acaso detentan nombres sin consigna?, ¿cómo los escritores las representaron en novelas, relatos y poesías?, ¿qué papel protagonizó en la narrativa revolucionaria?, ¿cómo se reflejó literariamente la prostitución en los suburbios de la Ciudad de México? y ¿cómo figuraron sus desamores, tragedias, azoros y desventuras?”, comentó en entrevista el autor.

Editado por el Fondo Editorial Estado de México, este ensayo tuvo su origen hace más de tres años, cuando Alejandro García hizo una investigación para su libro Quebranto de espejos. La mujer en la narrativa de José Revueltas (Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2014), el cual resaltó la presencia de la prostituta como figura determinante en la obra de Revueltas.

“Interesado por el tema comencé a buscar otros escritores; novelas, cuentos y relatos que abordaran este tema. En ese tiempo logré reunir diversas obras decimonónicas y textos del siglo XX que me permitieron formar una ceñida antología de cuentos con el tema de la prostitución femenina, con autores como Carlos Fuentes, Inés Arredondo, Guadalupe Loaeza, Josefina Estrada, Belinda Arteaga Castillo, Enrique Serna, Óscar de la Borbolla, Keshava Quintanar, María Luisa Erreguerena o Martha Cerda”, añadió.

En la literatura mexicana, Santa de Federico Gamboa significó un parteaguas en este tema. Aproximadamente cien años después, la escritora Cristina Rivera Garza retomó a la prostituta como personaje en Nadie me verá llorar. ¿Qué cambios sustanciosos se pueden observar en la visión de la literatura mexicana referente a este tema en el tiempo transcurrido entre estas dos novelas?

Este libro pretende señalar que “la historia en gran medida no conservó la presencia individual de las prostitutas, pero la literatura les dio carta de presencia de sus andanzas mundanas con un destino alejado de los delicados ademanes, de ser la joven ideal, de exquisita educación, y la representa como cuerpo labrado por estigmas, ocaso de nostalgias, de esperanzas fallidas, musa del poeta, ánfora de la iniciación sexual, de la esclavitud social”.

De las no vírgenes y sus andanzas mundanas también se encarga de abordar de qué forma apareció descrita la prostituta bajo el manto de la visión femenina. “En general, la movilidad social que es panacea para el hombre, se le ha negado históricamente a la mujer: las opciones de trabajo no son muchas, ni prometen bienestar, así acosada por la pobreza, por el engaño, perderá nombre y apellido, adquirirá apodos y denostaciones: La china, Mariquita zapotazo, Centena, La pintada, La mora, La güera, Gladys, y en cada momento, en cada instante, se añeja el alma, se desmorona el cuerpo”, finalizó.

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