Ciudad de México. 14 de Diciembre de 2018 (Agencia Informativa Conacyt).- Norma Ivette Nava Sierra nació y creció en una pequeña comunidad indígena escondida entre cerros y campos de milpa. Quienes viven aquí lo llaman Kuentepetzin “cerro o montaña sagrada en forma de surcos”, pero para llegar se pregunta por Cuentepec. Si se viaja en transporte público desde la capital morelense, tras dos horas de camino, es posible conocer los misterios y tradiciones que envuelven esta comunidad del municipio de Temixco.

Cuando niña, Norma Ivette pasaba los días en el campo ayudando a sus padres a sembrar y cortar frijol, era una masewalme, “una persona que trabaja con las manos”. Dentro de su imaginario, nunca pensó en desafiar las tradiciones patriarcales de su pueblo y convertirse en bióloga, ni siquiera estudiar la preparatoria.

A nivel general, las niñas y mujeres en situación de pobreza que habitan en zonas rurales e indígenas enfrentan barreras particulares en la accesibilidad y permanencia en la escuela; en Cuentepec, la vida marital y doméstica a temprana edad, como dicta la costumbre, es todavía una vía en el futuro de las adolescentes.

En Morelos hubo que esperar la década de los 2000 para extender el sistema de educación indígena en los principales pueblos nahuas. En 2001, cuando se instaló en la secundaria del pueblo un Colegio de Bachilleres (Cobaem) bajo la modalidad Educación Media Superior a Distancia (EMSAD), un intérprete en náhuatl acompañó al ingeniero Noé Rafael Pérez y a otros profesores del colegio a convencer a las familias de la comunidad que permitieran a sus hijos —particularmente a las mujeres— continuar con sus estudios de bachillerato.

La vida en Cuentepec no es la misma desde entonces. La divulgación y la enseñanza de la ciencia en el bachillerato han jugado un papel importante en la comunidad; la inclinación por carreras con un enfoque científico no tiene precedentes.

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